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SANTO ROSARIO MES DE OCTUBRE



 

  

LA FAMILIA SEMILLERO DE VOCACIONES
30 de Octubre

*Las familias, animadas por el espíritu de la fe, caridad y piedad, son como un primer seminario*
“Los padres cristianos son llamados a preparar, cultivar y defender las vocaciones que Dios suscita en su familia…. La familia es el vivero natural de las vocaciones”


LA VOCACIÓN EMPIEZA POR LA CASA

Efectivamente queridos hijos, repito nuevamente “La vocación empieza por la casa”
Al igual que la caridad también empieza por la casa.

Veamos las distintas tareas que deben de desempeñar los padres de familia para que su hogar tenga un ambiente vocacional.

1º. La pregunta que se hacen ¿QUÉ SERÁ DE NUESTROS HIJOS? 

Creo que se usa todavía que los papás, antes de irse a descansar, pasen a la recámara del hijo más pequeño que ya duerme, para asegurarse que no esté descobijado, y permanezcan algunos momentos contemplándolo, como queriendo escuchar sus sueños.

En aquel momento surge en ellos la pregunta ¿“Qué será de él? ¿Qué vida le espera? ¿Qué mundo lo recibirá “? Los hijos hacen pensar en el futuro y entre pregunta y pegunta se siente, confianza y temor.

El consuelo de los padres está en entrever motivos de esperanza en la bondad de sus hijos, en la buena disposición de ellos hacia la vida, en la correcta relación con los demás y con el misterio de Dios.

Frecuentemente, quizá, una inquietud que se asemeja a una angustia reprimida entristece su último pensamiento “Nuestros hijos van hacia el futuro indefensos y solos….. ¿Qué será de ellos en este mundo tan complicado y enfermo?, ¿Quién los protegerá cuando faltemos nosotros?....”

En verdad, cuando un papá y una mamá desean las buenas noches a los hijos dormidos, se preguntan: “¿Qué será de nuestros hijos?”. Su pregunta significa en realidad: ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre ellos? ¿Cuál es su vocación?

La fe sabe leer en la historia de cada hombre y de cada mujer la gracia del nombre nuevo y misterioso con el cual cada uno es llamado. Los padres de familia que caminan en la fe oran cada día por sus hijos, para que se realice en ellos la voluntad de Dios.

Saben por experiencia que Dios es Amor y quiere la felicidad de sus hijos con una ternura y una fidelidad que supera infinitamente aún el efecto de un padre y una madre. Los creyentes saben que en su voluntad se encuentra nuestra paz y después de haber orado según la enseñanza de Jesús, también los padres pueden irse a descansar con una serena confianza y quizá soñando en un mundo que no verán, pero que seguirá siendo amado y cuidado por Dios.

Ahora quiero dirigirme a los papás y mamás, que se hagan estas preguntas, ¿hemos preguntado a Dios sobre el plan que tiene para cada uno de nuestros hijos?
¿Estamos convencidos de que Dios tiene un plan de felicidad para todos?
Queridos hijos, la respuesta está en ustedes, yo les propongo, el siguiente compromiso,
“Hacer una oración confiada a Dios nuestro Padre, depositando en sus manos amorosas, a nuestros hijos y pidiéndole que se realice en cada uno de ellos su Voluntad”.

Hasta aquí queridos hijos e hijas esta pequeña introducción de la catequesis de hoy LA FAMILIA SEMILLERO DE VOCACIONES.

     

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ARCANGEL SAN RAFAEL
24 de Octubre

Desde la Antigüedad, al arcángel Rafael se le ha considerado protector de la medicina. La etimología de su nombre terrestre lo vincula a ella, pues proviene del hebreo rafá, curar, y El, Dios; es decir que, completo, dicho nombre significa medicina de Dios. La iconografía del personaje pone de manifiesto las funciones que desempeña y una parte de las misiones que se le han encomendado. Antes de revisarlas, es necesario precisar su identidad angélica, que lo sitúa entre los seres del mundo invisible.


El Libro de Tobías.
Un día después de haber dado sepultura a un compatriota asesinado en la noche, Tobit refirió: “aun antes de purificarme, me dormí en el atrio junto al muro, quedando con el rostro descubierto.

No sabía yo que había pájaros en el muro; y teniendo los ojos abiertos, los pájaros dejaron caer en mis ojos su estiércol caliente, que me produjo en ellos unas manchas blancas que los médicos no fueron capaces de curar” (Tobías 2, 9-10). De este modo, Tobit quedó ciego, y su esposa Ana trabajó a partir de entonces para mantener el hogar, lo cual en la época representaba una gran humillación para el hombre. Al día siguiente de una discusión con Ana, ésta le echó en cara que sus buenas obras y sus limosnas habían ido a parar en nada. Afligido por su situación, oró para pedir a Dios que le hiciera justicia y lo liberara mediante la muerte.

Paralelamente, en la misma obra se narra otra historia desafortunada, la de Sara de Ragüel, quien “fue insultada por las esclavas de su padre porque, habiendo sido dada en matrimonio a siete maridos, el maligno demonio Asmodeo les había dado muerte antes que con ella hubieran tenido vida conyugal” (Tobías 3, 7-8). Desesperada, la joven pensó en ahorcarse, pero antes oró para pedir al Señor que le quitara la vida.

Dios los escuchó a ambos y “Rafael fue enviado para remediarlos a los dos, para batir las cataratas de Tobit y para casar a Sara, la hija de Ragüel, con Tobías, el hijo de Tobit, y paralizar a Asmodeo, el maligno demonio, por cuanto a Tobías tocaba heredarla” (Tobías 3, 17).

El arcángel se presentó a Tobías no en su forma angelical, sino con apariencia humana.

Siguieron los caminantes su viaje y llegaron al atardecer a las orillas del río Tigris, donde pasaron la noche. Bajó el muchacho a bañarse, y salió del río un pez que quería devorarle. Pero el ángel le dijo: “Agárralo”. Capturolo el joven y lo sacó a tierra. Díjole el ángel: “Descuartiza el pez y separa el corazón, el hígado con la hiel, y ponlos aparte”. Hizo el muchacho lo que el ángel le decía, y asando el pez comieron.[Tobías 6, 1-5]

“Dijo el joven al ángel: ‘Hermano Azarías, ¿para qué sirve el corazón y el hígado con la hiel del pez?’ Él le respondió: ‘Sirven para que, si un demonio o espíritu le atormenta a uno, quemándolos ante él, ya no vuelven a molestarle. En Cuanto a la hiel, sirve para ungir a quien tuviese cataratas, pues con ella quedará curado’”(Tobías 6, 5-8).
Dijo el ángel al joven: “Hoy, hermano, habremos de pernoctar en casa de Ragüel, tu pariente, que tiene una hija llamada Sara. Yo le hablaré para que te la den por mujer, que a ti te toca su herencia, pues tú eres ya el único de su linaje; la joven es bella y discreta. Oye, pues, lo que voy a hacer. Yo hablaré a su padre, y cuando volvamos de Ragues celebraremos la boda, pues ya sé que Ragüel no puede darla a ningún otro marido, según la Ley de Moisés, o sería reo de muerte, porque antes que a ningún otro te pertenece a ti la herencia.” [Tobías, 69-12]

El joven Tobías, enterado de la dramática situación de Sara, la comunica al arcángel. Luego, manifiesta cierta resistencia a las indicaciones del arcángel y le confía así sus temores:
Replicó entonces el joven al ángel: “Hermano Azarías, he oído que la doncella fue dada a siete maridos y que todos perecieron en la cámara nupcial; y yo soy hijo único de mi padre, y temo que, si me acerco a ella, voy a morir como los anteriores, porque la ama un demonio, y a ella no le hace ningún daño, pero sí a los que se le acercan. Temo ahora que, si muero, llevaré al sepulcro a mi padre y a mí, de dolor por mí, pues no tienen otro hijo que les dé sepultura. [Tobías 6, 13-14]

     

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EL ROSARIO MISIONERO
17 de Octubre

El Rosario Misionero es una forma de oración que toma como base el Rosario Tradicional, en la cual por intercesión de la Santísima Virgen María, se pide al Padre por las intenciones y necesidades de todo el mundo. Es una oración mariana universal y misionera, que consiste en rezar los cinco misterios de cada día teniendo presentes los cinco continentes del mundo, pensando en la situación concreta de cada continente desde el punto de vista de la evangelización y de la presencia cristiana, y orando por los misioneros y misioneras, por todos los agentes de la evangelización y por todos los que aún no conocen la Buena Nueva de la salvación, para que se abra a la luz del Evangelio.

      

     

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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
10 de Octubre

Fiesta instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.

Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos.
Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes. Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marias. Los misioneros de Irlanda mas tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron varios desarrollos con el tiempo.

La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Sto. Domingo a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.

Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.

También negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.

Domingo trabajó por años en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albingenses volvieron a la fe católica.

Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.

Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.

El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario


     

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SAN FRANCISCO DE ASIS
03 de Octubre

Francisco nació en Asís, ciudad de Umbría, en el año 1182. Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica.  Tanto el padre como la madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallaba en dicho país cuando nació su hijo, las gentes le apodaron "Francesco" (el francés),  En su juventud, Francisco era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente, con ostentación. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse en cosas vanas. Sin embargo, acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios.

Cuando Francisco tenía unos veinte años, estalló la discordia entre las ciudades de Perugia y Asís y en la guerra, el joven cayó prisionero de los peruginos. La prisión duró un año, y Francisco la soportó alegremente. Cuando recobró la libertad, cayó gravemente enfermo. La enfermedad, en la que el joven probó una vez más su paciencia, fortaleció y maduró su espíritu. Cuando se sintió con fuerzas suficientes, determinó ir a combatir en el ejército de Galterío y Briena en el sur de Italia. Con ese fin, se compró una costosa armadura y un hermoso manto. Pero un día en que paseaba arreglado con su nuevo atuendo, se topó con un caballero mal vestido que había caído en la pobreza; movido a compasión ante aquel infortunio, Francisco cambió sus ricos vestidos por los del caballero pobre. Esa noche vio en sueños un espléndido palacio con salas colmadas de armas, sobre las cuales se hallaba grabado el signo de la cruz y le pareció oír una voz que le decía que esas armas le pertenecían a él y a sus soldados.

Francisco partió a Apulia con el alma ligera y la seguridad de triunfar, pero nunca llegó al frente de batalla. En Espoleto, ciudad del camino de Asís a Roma, cayó nuevamente enfermo y, durante la enfermedad, oyó una voz celestial que le exhortaba a "servir al amo y no al siervo". El joven obedeció. Al principio volvió a su antigua vida, aunque tomándola menos a la ligera. Las gentes, al verle pensativo, le decían que estaba enamorado. "Sí", replicaba Francisco, "voy a casarme con una joven más bella y más noble que todas las que conocéis". Poco a poco, con la mucha oración, fue concibiendo el deseo de vender todos sus bienes y comprar la perla preciosa de la que habla el Evangelio.

Aunque ignoraba lo que tenía que hacer para ello, una serie de claras inspiraciones sobrenaturales le hizo comprender que la batalla espiritual empieza por la mortificación y la victoria sobre los instintos. Paseándose en cierta ocasión a caballo por la llanura de Asís, encontró a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco; pero, en vez de huir, se acercó al leproso, que le tendía la mano para recibir una limosna.   Francisco comprendió que había llegado el momento de dar el paso al amor radical de Dios.  A pesar de su repulsa natural a los leproso, venció su voluntad, se le acercó y le dio un beso. Aquello cambió su vida.  Fue un gesto movido por el Espíritu Santo, pidiéndole a Francisco una calidad de entrega, un "sí" que distingue a los santos de los mediocres. A partir de entonces, comenzó a visitar y servir a los enfermos en los hospitales. Algunas veces regalaba a los pobres sus vestidos, otras, el dinero que llevaba.

"Francisco, repara mi Iglesia, pues ya ves que está en ruinas"

En cierta ocasión, mientras oraba en la iglesia de San Damiano en las afueras de Asís, el crucifijo, (hoy llamado Crucifijo de San Damiano) le repitió tres veces: "Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas". El santo, viendo que la iglesia se hallaba en muy mal estado, creyó que el Señor quería que la reparase; así pues, partió inmediatamente, tomó una buena cantidad de vestidos de la tienda de su padre y los vendió junto con su caballo. En seguida llevó el dinero al pobre sacerdote que se encargaba de la iglesia de San Damián, y le pidió permiso de quedarse a vivir con él. El buen sacerdote consintió en que Francisco se quedase con él, pero se negó a aceptar el dinero. El joven lo depositó en el rebajo de la ventana. Pedro Bernardone, al enterarse de lo que había hecho su hijo, se dirigió indignado a San Damián. Pero Francisco había tenido buen cuidado de ocultarse.
Al cabo de algunos días pasados en oración y ayuno, Francisco volvió a entrar en la población, pero estaba tan desfigurado y mal vestido, que las gentes se burlaban de él, tomándolo por loco. Pedro Bernardone, muy desconcertado por la conducta de su hijo, le condujo a su casa, le golpeó furiosamente (Francisco tenía entonces veinticinco años), le puso grillos en los pies y le encerró en una habitación. La madre de Francisco se encargó de ponerle en libertad cuando su marido se hallaba ausente y el joven retornó a San Damián. Su padre fue de nuevo a buscarle ahí, le golpeó en la cabeza y le ordeno volver inmediatamente a su casa o a renunciar a su herencia y pagarle el precio de los vestidos que le había tomado.

Su padre le obligó a comparecer ante el obispo Guido de Asís, quien exhortó al joven a devolver el dinero y a tener confianza en Dios: "Dios no desea que su Iglesia goce de bienes injustamente adquiridos." Francisco obedeció a la letra la orden del obispo y añadió: "Los vestidos que llevo puestos pertenecen también a mi padre, de suerte que tengo que devolvérselos." Acto seguido se desnudó y entregó sus vestidos a su padre, diciéndole alegremente: "Hasta ahora tú has sido mi padre en la tierra. Pero en adelante podré decir: Padre nuestro, que estás en los cielos."' Pedro Bernardone abandonó el palacio episcopal "temblando de indignación y profundamente lastimado." El obispo regaló a Francisco un viejo vestido de labrador, que pertenecía a uno de sus siervos. Francisco recibió la primera limosna de su vida con gran agradecimiento, trazó la señal de la cruz sobre el vestido con un trozo de tiza y se lo puso.


     

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Victoria y Realeza

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